Massiel Moreno, alumna discapacitada de la Universidad Miguel de Cervantes
Por: Lorena Constanzo
Desde muy pequeña soñaba con poder saltar y dejar de depender de sus inseparables bastones, material que ha acompañado a Massiel desde el día que aprendió a caminar. En otras ocasiones depende de la compañía de su incondicional familia a quien dice amar y respetar.
De cabellera roja, color que cambia en distintas ocasiones dependiendo de su estado anímico, siempre cuidando su presencia e imagen. Rostro delgado igual que su figura de 1 metro 53 centímetros. Medición que no es clara ya que sus rodillas siempre dobladas impiden ver su real altura.
Es difícil ver sola a esta alumna de tercer año de periodismo, esta vez no es distinto, ya que siempre se encuentra con Constanza y Katherine, dos amigas que comparten en la universidad.
Hoy se encuentra feliz con su vida, al tener una familia que ama y la aman, amigos incondicionales y una carrera por la cual siempre lucha.
Su felicidad está ligada a la fe que tiene en Dios, quien dice nunca la abandonará, que algún día va a despertar y podrá caminar gracias al amor de Dios.
PEQUEÑOS GRANDES PROBLEMAS
Desde su infancia hasta su juventud esta estudiante de periodismo ha sido discriminada por sus compañeros con los que ha tenido que compartir en el periodo escolar, muchas veces siendo excluida de las actividades que realizaban sus pares. Esto le dio fuerzas para poder continuar con los problemas que vive una discapacitada, en lugares públicos: como es el Transantiago y lugares privados: al compartir con una pareja.
-
¿En qué consiste tu discapacidad?
Tengo un parálisis cerebral, soy prematura tuve un principio de hidrocefalia cuando nací. Esto no me permite caminar sola, tengo problemas de equilibrio; la fuerza de mis músculos no es normal como todas las personas.
-¿Cuáles fueron los miedos que tuviste en la niñez?
Mis miedos: caerme, tenía miedo a sentirme demasiado dependiente de los demás, tenía miedo de cansar, de que me trataran como un “cacho”; hasta hoy lo tengo.
Creo que para cualquier ser humano no tener autonomía es complejo, es un proceso diario, pero ese era mi mayor miedo.
Deseaba saltar, creo que ese ha sido mi mayor trauma desde niña es no poder salta. Fue súper marcador, recuerdo a los 6 u ocho años como mis compañeras saltaban, eso que era muy típico de nuestra generación y claro yo veía y soñaba con saltar, con sentirme integrada, porque a esa edad los niños, no se les enseña a integrar a un discapacitado. Ellos me trataban como pobrecita que no puede caminar. Entonces me quedaba al final saltando y mirando como las demás saltaban y jugaban. En ese tiempo quedaba muy sola, entonces le escribía a mí profesora cómo me sentía.
-
¿La profesora qué hacía al respecto?
-hablaba con ellas, como era un colegio de mujeres, hacía lo posible para que se me integrara, por más que tratara no las podía obligar; si eso venía de casa.
-
¿Te sentiste discriminada por ser discapacitada?
-De niña no tanto, me gustaba ser así, porque siempre tenía a mis papás a mi lado y me hacían todo, en ese sentido era floja.
Pero mí adolescencia fue fea. Porque no salía a fiestas, no tenía amigos, ya que no podía caminar, ni bailar. Siempre recuerdo que los días lunes llegaban mis compañeras a comentar lo del fin de semana. Cuando les contaba que había ido a una fiesta lo primero que preguntaban: ¿ bailaste? respondía, no, entonces ellas decían: ahhh, no me sigas contando. Entonces se iban y me dejaban sola, eso me llevó a ser muy rebelde durante primero medio a tercero, me sentaba al revés, no me colocaba en la fila, no me juntaba con nadie, criticaba el sistema del colegio.
-¿Cuál fue la reacción del colegio?
Estaban súper preocupados, ya que a raíz de la depresión, tuve dos intentos de suicidio, la presión de la adolescencia es muy fuerte, más cuando hay discapacidad.
Mi mamá, en un momento de aflicción, fue al colegio, se dio cuenta que tenía marcados los brazos, me había cortado con un corta cartón. Las monjas, trataron de ayudar, me llevaron al psicólogo.
Después, como a los 17 años, descubrí que la estaba "embarrando" decidí salir adelante, que tenía que demostrar a los demás que puedo, me olvidé de esta discapacidad.
ACTO DE AMOR Y FE
Massiel, ha tenido que lidiar en su vida con muchas caídas, pero la más difícil fue al entender que su madre biológica la abandono al nacer. Ella es producto de una violación cuando su madre tenía catorce años.
Esta joven dice haberla perdonado, porque las condiciones en esos años eran distintas a las de hoy. Además, dice estar agradecida porque de lo contrario tenido la familia que tiene.
-¿Las personas que componen tu familia te han apoyado en todo lo que has hecho?
La historia de mí familia es super bonita, soy hija adoptiva, mí mamá biológica intentó abortar, o sea, mí discapacidad en sí es por un aborto fallido, entonces mis papás me adoptaron sabiendo que yo era discapacitada. Eso le dijeron: esta niñita no va a ver, no va a caminar, etc.
Mí mamá en un acto de amor y de fe tremendo, porque ella le pedía a Dios que le mandara un hijo como sea y en las condiciones que fuera. Me recibió con un diagnóstico negativo totalmente. Mí mamá les decía a los médicos, ustedes no son Dios, y comenzó a llevarme a la Teletón en donde descubrieron que los diagnósticos médicos eran distintos a los resultados obtenidos en Teletón. Ellos me catalogaron como un milagro.
-
¿Cuál es la historia de tu madre biológica?
Por lo que sé, ella fue victima de una violación a los catorce años, obligándola matar a su hijo. Imagínate en el año 1983, cuando los embarazos adolescentes eran tomados como un pecado, más siendo madre soltera. Me dejó en el hospital Paula Jara Quemada.
-¿Crees que está sufriendo por ti?
Sí, hay que ponerse en su posición. Un aborto obligado a los catorce años, yo la perdoné, era una niñita, una guagua Tal vez ella no quería abortar; creo que si está viva está sufriendo.
POCOS PERO BUENOS
-¿Tienes grandes amigos?
Si, son pocos, los conocí acá. Todo el universo de periodistas de esta universidad. Amigos de colegio.
-¿El amor?
He pololeado una vez oficialmente, pero me ha costado. El tema del amor también tiene que ver con la discriminación. Es un tema de crianza, como te decía denante, donde a los chicos no se les enseña a querer a los demás como son. Y me ha tocado estar con gente que cree que un poco más los necesito como enfermeros, y me han dicho, pero cuesta salir de esa imagen de la pobrecita. Aparte estamos en una sociedad donde todo es imagen, complicado.
¿No tienes miedo que esa paciencia, fe, y constancia se termine? ¿De qué te afirmas?
Me afirmo en Dios y en mí familia, no creo que esa fe se termine, ya que tengo herramientas como el conocer, leer. Esa fe y esa paciencia ha ido creciendo, no disminuyendo. Tengo mucha confianza en las oportunidades que me ha dado Dios. El hecho de poder estudiar, estoy muy bendecida, entonces como no voy a tener suerte en el amor, y si me toca estar sola, bienvenido sea. Aunque me gustaría ser mamá, pero no soltera.
El Transantiago ¿te ha beneficiado?
Beneficiado no, gracias a Dios, la micro que tomo me deja cerca, no he sufrido, en comparación de otros discapacitados.
El tema es el tipo de bus, sobre todo los oruga. Uno, como discapacitado, debiera entrar por la puerta del medio, cosa que no ocurre por la evasión de pago de pasajes. Por lo que hay que subir por delante, los asientos para discapacitados se encuentran casi al final, por lo tanto, hay que cruzar todo la micro para poder llegar a esos asientos. Es tema, igual me caigo, pero no ha sido tan grave como pensé que sería en un principio.
HAY QUE VIVIR EL HOY NO EL MAÑANA
- En estos momentos estás estudiando Periodismo ¿Cómo vas a ejercer el Periodismo si este trabajo implica movimiento e independencia? ¿Cómo te proyectas?
Créeme que me he hecho la misma pregunta, creo que hay más herramientas, por ejemplo: Internet o quizás me introduzca más en las relaciones publicas, pero personalmente, aunque suene ridículo para las personas más letradas, yo no vivo el mañana, vivo el día a día. Porque esa es mí esperanza, un milagro. Yo creo
mucho en Dios, y creo que Dios puede hacer un milagro.
-
¿Tanto así? ¿No estamos viviendo en los tiempos de Jesús?
Por lo mismo, no me asusta estar sin personas a mí lado. No te voy a mentir, tampoco soy la súper woman. Hay un momento, los fines de semana, colapso, es tanta la tensión, es todo tan hostil hacia nosotros, los discapacitados. Que llega un momento que siento rabia. Veo a un asaltante que corre y digo: por qué yo no, si quiero hacer solo cosas buenas, quiero salir adelante. Pero tengo que salir adelante, creo que me falta fuerza de voluntad, pero me canso. Desde que tengo uso de razón estoy con gimnasio, médico, todos los años me operan y eso cansa. Y digo; ya hasta cuándo si yo quiero vivir la vida como los demás y abocarme a eso, pero creo que tengo que buscar las oportunidades, tal vez me va a costar 50 veces más que el resto, o las puertas se me van a cerrar más que a otros, pero no voy a parar de golpear, porque creo que soy capaz.

El periodista tiene el gran beneficio de que no es solo estar en la calle, tiene más campos, la universidad tiene que abrir esas áreas como Internet, señales on line. Ahí no se haría tan difícil. Y si me caso y me mantienen, pego el titulo en la pared, mejor todavía.