Se escucha el sonar de la poca lluvia que cubrió la cuidad, mientras el corazón duele sin piedad. Es tarde para llorar, ya no hay lágrima que detenga el paso implacable del tiempo. Llegó la hora de sumergir la única ilusión que inundó mis razonamientos lógicos, esa forma de querer tan abstracta, que adopté el día en que aprendí que para amar necesitaban dos.
Me gustaba esta sensación "quinceañera" que paradójicamente, no conocí a esa edad, de nerviosismo e incertidumbre que provoca la ilusión. Sin embargo, no obtuve nada más que un hermoso estallido de emociones dentro de mí. Creo que aquel majestuoso paisaje, fue el vaticinio de la despedida de esa mujer que se despojó de su armadura por un instante para volver a soñar, pero que, al poco andar, entendió que los finales felices con hombres aguerridos jugándose la vida por la ilusión sólo existen en los cuentos.
Así que tomé mi armadura, dísfrazada de frialdad y desapego, para recordar que vale más un corazón roto que la pérdida de la dignidad.
Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado.
miércoles, 15 de agosto de 2012
La última ilusión
miércoles, 8 de septiembre de 2010
En su Perfecto Propósito
“Cuanto más crezca la injusticia ya verás, que son más grandes nuestras ganas de luchar”.
Es imposible obviar a Sanz en ésta historia que se ha ido “construyendo de un lenguaje nuevo” para sorprendernos día tras día.
Mi amistad con el muchacho de risa fácil, mirada soñolienta y rostro varonil, es de esas que no tienen mucha lógica, sólo le podríamos atribuir el encuentro a la divinidad de Dios.
Entre canciones, risas, llantos, cafés y alguna que otra caloría; hemos transcurrido durante un año en el camino de las relaciones humanas.
Gonzalo, es de aquellos hombres que me provoca el deseo de aprender, descubrir, y cuidar; pero al mismo tiempo, el que hasta ahora no lo haya visto, me genera un sentimiento de temor, pues veo inminente su desaparición. Aunque debo admitir, que cada vez que temo él me sorprende con alguna cosilla, lo que reafirma, aún más, la teoría de que esto estaba inscrito en el perfecto propósito del Padre.
He de confesar que existe otro temor, quizás mayor, el de que mi eterna ternura, y mis evidentes demostraciones de cariño, terminen por cansar. Sin embargo, descanso en el hecho que siento su honestidad tangiblemente, como si traspasara la pantalla; si así no fuese, no le hubiera dedicado, ni siquiera una coma.
No pido nada a cambio. Sólo que me permitas seguir caminando cerquita tuyo, disfrutando de tus logros, llorando con tus fracasos, extendiendo mi mano (virtualmente) hasta que decidas lo contrario, en los días en que todos te dejen solo, incluso en aquellas ocasiones en que puedas decepcionarme.
Gracias por la paciencia.....
martes, 10 de agosto de 2010
"MI DISCAPACIDAD ES POR UN ABORTO FALLIDO"
Massiel Moreno, alumna discapacitada de la Universidad Miguel de Cervantes
Por: Lorena Constanzo
Desde muy pequeña soñaba con poder saltar y dejar de depender de sus inseparables bastones, material que ha acompañado a Massiel desde el día que aprendió a caminar. En otras ocasiones depende de la compañía de su incondicional familia a quien dice amar y respetar.
De cabellera roja, color que cambia en distintas ocasiones dependiendo de su estado anímico, siempre cuidando su presencia e imagen. Rostro delgado igual que su figura de 1 metro 53 centímetros. Medición que no es clara ya que sus rodillas siempre dobladas impiden ver su real altura.
Es difícil ver sola a esta alumna de tercer año de periodismo, esta vez no es distinto, ya que siempre se encuentra con Constanza y Katherine, dos amigas que comparten en la universidad.
Hoy se encuentra feliz con su vida, al tener una familia que ama y la aman, amigos incondicionales y una carrera por la cual siempre lucha.
Su felicidad está ligada a la fe que tiene en Dios, quien dice nunca la abandonará, que algún día va a despertar y podrá caminar gracias al amor de Dios.
PEQUEÑOS GRANDES PROBLEMAS
Desde su infancia hasta su juventud esta estudiante de periodismo ha sido discriminada por sus compañeros con los que ha tenido que compartir en el periodo escolar, muchas veces siendo excluida de las actividades que realizaban sus pares. Esto le dio fuerzas para poder continuar con los problemas que vive una discapacitada, en lugares públicos: como es el Transantiago y lugares privados: al compartir con una pareja.
-¿En qué consiste tu discapacidad?
Tengo un parálisis cerebral, soy prematura tuve un principio de hidrocefalia cuando nací. Esto no me permite caminar sola, tengo problemas de equilibrio; la fuerza de mis músculos no es normal como todas las personas.
-¿Cuáles fueron los miedos que tuviste en la niñez?
Mis miedos: caerme, tenía miedo a sentirme demasiado dependiente de los demás, tenía miedo de cansar, de que me trataran como un “cacho”; hasta hoy lo tengo.
Creo que para cualquier ser humano no tener autonomía es complejo, es un proceso diario, pero ese era mi mayor miedo.
Deseaba saltar, creo que ese ha sido mi mayor trauma desde niña es no poder salta. Fue súper marcador, recuerdo a los 6 u ocho años como mis compañeras saltaban, eso que era muy típico de nuestra generación y claro yo veía y soñaba con saltar, con sentirme integrada, porque a esa edad los niños, no se les enseña a integrar a un discapacitado. Ellos me trataban como pobrecita que no puede caminar. Entonces me quedaba al final saltando y mirando como las demás saltaban y jugaban. En ese tiempo quedaba muy sola, entonces le escribía a mí profesora cómo me sentía.
-¿La profesora qué hacía al respecto?
-hablaba con ellas, como era un colegio de mujeres, hacía lo posible para que se me integrara, por más que tratara no las podía obligar; si eso venía de casa.
-¿Te sentiste discriminada por ser discapacitada?
-De niña no tanto, me gustaba ser así, porque siempre tenía a mis papás a mi lado y me hacían todo, en ese sentido era floja.
Pero mí adolescencia fue fea. Porque no salía a fiestas, no tenía amigos, ya que no podía caminar, ni bailar. Siempre recuerdo que los días lunes llegaban mis compañeras a comentar lo del fin de semana. Cuando les contaba que había ido a una fiesta lo primero que preguntaban: ¿ bailaste? respondía, no, entonces ellas decían: ahhh, no me sigas contando. Entonces se iban y me dejaban sola, eso me llevó a ser muy rebelde durante primero medio a tercero, me sentaba al revés, no me colocaba en la fila, no me juntaba con nadie, criticaba el sistema del colegio.
-¿Cuál fue la reacción del colegio?
Estaban súper preocupados, ya que a raíz de la depresión, tuve dos intentos de suicidio, la presión de la adolescencia es muy fuerte, más cuando hay discapacidad.
Mi mamá, en un momento de aflicción, fue al colegio, se dio cuenta que tenía marcados los brazos, me había cortado con un corta cartón. Las monjas, trataron de ayudar, me llevaron al psicólogo.
Después, como a los 17 años, descubrí que la estaba "embarrando" decidí salir adelante, que tenía que demostrar a los demás que puedo, me olvidé de esta discapacidad.
ACTO DE AMOR Y FE
Massiel, ha tenido que lidiar en su vida con muchas caídas, pero la más difícil fue al entender que su madre biológica la abandono al nacer. Ella es producto de una violación cuando su madre tenía catorce años.
Esta joven dice haberla perdonado, porque las condiciones en esos años eran distintas a las de hoy. Además, dice estar agradecida porque de lo contrario tenido la familia que tiene.
-¿Las personas que componen tu familia te han apoyado en todo lo que has hecho?
La historia de mí familia es super bonita, soy hija adoptiva, mí mamá biológica intentó abortar, o sea, mí discapacidad en sí es por un aborto fallido, entonces mis papás me adoptaron sabiendo que yo era discapacitada. Eso le dijeron: esta niñita no va a ver, no va a caminar, etc.
Mí mamá en un acto de amor y de fe tremendo, porque ella le pedía a Dios que le mandara un hijo como sea y en las condiciones que fuera. Me recibió con un diagnóstico negativo totalmente. Mí mamá les decía a los médicos, ustedes no son Dios, y comenzó a llevarme a la Teletón en donde descubrieron que los diagnósticos médicos eran distintos a los resultados obtenidos en Teletón. Ellos me catalogaron como un milagro.
-¿Cuál es la historia de tu madre biológica?
Por lo que sé, ella fue victima de una violación a los catorce años, obligándola matar a su hijo. Imagínate en el año 1983, cuando los embarazos adolescentes eran tomados como un pecado, más siendo madre soltera. Me dejó en el hospital Paula Jara Quemada.
-¿Crees que está sufriendo por ti?
Sí, hay que ponerse en su posición. Un aborto obligado a los catorce años, yo la perdoné, era una niñita, una guagua Tal vez ella no quería abortar; creo que si está viva está sufriendo.
POCOS PERO BUENOS
-¿Tienes grandes amigos?
Si, son pocos, los conocí acá. Todo el universo de periodistas de esta universidad. Amigos de colegio.
-¿El amor?
He pololeado una vez oficialmente, pero me ha costado. El tema del amor también tiene que ver con la discriminación. Es un tema de crianza, como te decía denante, donde a los chicos no se les enseña a querer a los demás como son. Y me ha tocado estar con gente que cree que un poco más los necesito como enfermeros, y me han dicho, pero cuesta salir de esa imagen de la pobrecita. Aparte estamos en una sociedad donde todo es imagen, complicado.
¿No tienes miedo que esa paciencia, fe, y constancia se termine? ¿De qué te afirmas?
Me afirmo en Dios y en mí familia, no creo que esa fe se termine, ya que tengo herramientas como el conocer, leer. Esa fe y esa paciencia ha ido creciendo, no disminuyendo. Tengo mucha confianza en las oportunidades que me ha dado Dios. El hecho de poder estudiar, estoy muy bendecida, entonces como no voy a tener suerte en el amor, y si me toca estar sola, bienvenido sea. Aunque me gustaría ser mamá, pero no soltera.
El Transantiago ¿te ha beneficiado?
Beneficiado no, gracias a Dios, la micro que tomo me deja cerca, no he sufrido, en comparación de otros discapacitados.
El tema es el tipo de bus, sobre todo los oruga. Uno, como discapacitado, debiera entrar por la puerta del medio, cosa que no ocurre por la evasión de pago de pasajes. Por lo que hay que subir por delante, los asientos para discapacitados se encuentran casi al final, por lo tanto, hay que cruzar todo la micro para poder llegar a esos asientos. Es tema, igual me caigo, pero no ha sido tan grave como pensé que sería en un principio.
HAY QUE VIVIR EL HOY NO EL MAÑANA
- En estos momentos estás estudiando Periodismo ¿Cómo vas a ejercer el Periodismo si este trabajo implica movimiento e independencia? ¿Cómo te proyectas?
Créeme que me he hecho la misma pregunta, creo que hay más herramientas, por ejemplo: Internet o quizás me introduzca más en las relaciones publicas, pero personalmente, aunque suene ridículo para las personas más letradas, yo no vivo el mañana, vivo el día a día. Porque esa es mí esperanza, un milagro. Yo creo
mucho en Dios, y creo que Dios puede hacer un milagro.
-¿Tanto así? ¿No estamos viviendo en los tiempos de Jesús?
Por lo mismo, no me asusta estar sin personas a mí lado. No te voy a mentir, tampoco soy la súper woman. Hay un momento, los fines de semana, colapso, es tanta la tensión, es todo tan hostil hacia nosotros, los discapacitados. Que llega un momento que siento rabia. Veo a un asaltante que corre y digo: por qué yo no, si quiero hacer solo cosas buenas, quiero salir adelante. Pero tengo que salir adelante, creo que me falta fuerza de voluntad, pero me canso. Desde que tengo uso de razón estoy con gimnasio, médico, todos los años me operan y eso cansa. Y digo; ya hasta cuándo si yo quiero vivir la vida como los demás y abocarme a eso, pero creo que tengo que buscar las oportunidades, tal vez me va a costar 50 veces más que el resto, o las puertas se me van a cerrar más que a otros, pero no voy a parar de golpear, porque creo que soy capaz.
El periodista tiene el gran beneficio de que no es solo estar en la calle, tiene más campos, la universidad tiene que abrir esas áreas como Internet, señales on line. Ahí no se haría tan difícil. Y si me caso y me mantienen, pego el titulo en la pared, mejor todavía.
Por: Lorena Constanzo
Desde muy pequeña soñaba con poder saltar y dejar de depender de sus inseparables bastones, material que ha acompañado a Massiel desde el día que aprendió a caminar. En otras ocasiones depende de la compañía de su incondicional familia a quien dice amar y respetar.
De cabellera roja, color que cambia en distintas ocasiones dependiendo de su estado anímico, siempre cuidando su presencia e imagen. Rostro delgado igual que su figura de 1 metro 53 centímetros. Medición que no es clara ya que sus rodillas siempre dobladas impiden ver su real altura.
Es difícil ver sola a esta alumna de tercer año de periodismo, esta vez no es distinto, ya que siempre se encuentra con Constanza y Katherine, dos amigas que comparten en la universidad.
Hoy se encuentra feliz con su vida, al tener una familia que ama y la aman, amigos incondicionales y una carrera por la cual siempre lucha.
Su felicidad está ligada a la fe que tiene en Dios, quien dice nunca la abandonará, que algún día va a despertar y podrá caminar gracias al amor de Dios.
PEQUEÑOS GRANDES PROBLEMAS
Desde su infancia hasta su juventud esta estudiante de periodismo ha sido discriminada por sus compañeros con los que ha tenido que compartir en el periodo escolar, muchas veces siendo excluida de las actividades que realizaban sus pares. Esto le dio fuerzas para poder continuar con los problemas que vive una discapacitada, en lugares públicos: como es el Transantiago y lugares privados: al compartir con una pareja.
-¿En qué consiste tu discapacidad?
Tengo un parálisis cerebral, soy prematura tuve un principio de hidrocefalia cuando nací. Esto no me permite caminar sola, tengo problemas de equilibrio; la fuerza de mis músculos no es normal como todas las personas.
-¿Cuáles fueron los miedos que tuviste en la niñez?
Mis miedos: caerme, tenía miedo a sentirme demasiado dependiente de los demás, tenía miedo de cansar, de que me trataran como un “cacho”; hasta hoy lo tengo.
Creo que para cualquier ser humano no tener autonomía es complejo, es un proceso diario, pero ese era mi mayor miedo.
Deseaba saltar, creo que ese ha sido mi mayor trauma desde niña es no poder salta. Fue súper marcador, recuerdo a los 6 u ocho años como mis compañeras saltaban, eso que era muy típico de nuestra generación y claro yo veía y soñaba con saltar, con sentirme integrada, porque a esa edad los niños, no se les enseña a integrar a un discapacitado. Ellos me trataban como pobrecita que no puede caminar. Entonces me quedaba al final saltando y mirando como las demás saltaban y jugaban. En ese tiempo quedaba muy sola, entonces le escribía a mí profesora cómo me sentía.
-¿La profesora qué hacía al respecto?
-hablaba con ellas, como era un colegio de mujeres, hacía lo posible para que se me integrara, por más que tratara no las podía obligar; si eso venía de casa.
-¿Te sentiste discriminada por ser discapacitada?
-De niña no tanto, me gustaba ser así, porque siempre tenía a mis papás a mi lado y me hacían todo, en ese sentido era floja.
Pero mí adolescencia fue fea. Porque no salía a fiestas, no tenía amigos, ya que no podía caminar, ni bailar. Siempre recuerdo que los días lunes llegaban mis compañeras a comentar lo del fin de semana. Cuando les contaba que había ido a una fiesta lo primero que preguntaban: ¿ bailaste? respondía, no, entonces ellas decían: ahhh, no me sigas contando. Entonces se iban y me dejaban sola, eso me llevó a ser muy rebelde durante primero medio a tercero, me sentaba al revés, no me colocaba en la fila, no me juntaba con nadie, criticaba el sistema del colegio.
-¿Cuál fue la reacción del colegio?
Estaban súper preocupados, ya que a raíz de la depresión, tuve dos intentos de suicidio, la presión de la adolescencia es muy fuerte, más cuando hay discapacidad.
Mi mamá, en un momento de aflicción, fue al colegio, se dio cuenta que tenía marcados los brazos, me había cortado con un corta cartón. Las monjas, trataron de ayudar, me llevaron al psicólogo.
Después, como a los 17 años, descubrí que la estaba "embarrando" decidí salir adelante, que tenía que demostrar a los demás que puedo, me olvidé de esta discapacidad.
ACTO DE AMOR Y FE
Massiel, ha tenido que lidiar en su vida con muchas caídas, pero la más difícil fue al entender que su madre biológica la abandono al nacer. Ella es producto de una violación cuando su madre tenía catorce años.
Esta joven dice haberla perdonado, porque las condiciones en esos años eran distintas a las de hoy. Además, dice estar agradecida porque de lo contrario tenido la familia que tiene.
-¿Las personas que componen tu familia te han apoyado en todo lo que has hecho?
La historia de mí familia es super bonita, soy hija adoptiva, mí mamá biológica intentó abortar, o sea, mí discapacidad en sí es por un aborto fallido, entonces mis papás me adoptaron sabiendo que yo era discapacitada. Eso le dijeron: esta niñita no va a ver, no va a caminar, etc.
Mí mamá en un acto de amor y de fe tremendo, porque ella le pedía a Dios que le mandara un hijo como sea y en las condiciones que fuera. Me recibió con un diagnóstico negativo totalmente. Mí mamá les decía a los médicos, ustedes no son Dios, y comenzó a llevarme a la Teletón en donde descubrieron que los diagnósticos médicos eran distintos a los resultados obtenidos en Teletón. Ellos me catalogaron como un milagro.
-¿Cuál es la historia de tu madre biológica?
Por lo que sé, ella fue victima de una violación a los catorce años, obligándola matar a su hijo. Imagínate en el año 1983, cuando los embarazos adolescentes eran tomados como un pecado, más siendo madre soltera. Me dejó en el hospital Paula Jara Quemada.
-¿Crees que está sufriendo por ti?
Sí, hay que ponerse en su posición. Un aborto obligado a los catorce años, yo la perdoné, era una niñita, una guagua Tal vez ella no quería abortar; creo que si está viva está sufriendo.
POCOS PERO BUENOS
-¿Tienes grandes amigos?
Si, son pocos, los conocí acá. Todo el universo de periodistas de esta universidad. Amigos de colegio.
-¿El amor?
He pololeado una vez oficialmente, pero me ha costado. El tema del amor también tiene que ver con la discriminación. Es un tema de crianza, como te decía denante, donde a los chicos no se les enseña a querer a los demás como son. Y me ha tocado estar con gente que cree que un poco más los necesito como enfermeros, y me han dicho, pero cuesta salir de esa imagen de la pobrecita. Aparte estamos en una sociedad donde todo es imagen, complicado.
¿No tienes miedo que esa paciencia, fe, y constancia se termine? ¿De qué te afirmas?
Me afirmo en Dios y en mí familia, no creo que esa fe se termine, ya que tengo herramientas como el conocer, leer. Esa fe y esa paciencia ha ido creciendo, no disminuyendo. Tengo mucha confianza en las oportunidades que me ha dado Dios. El hecho de poder estudiar, estoy muy bendecida, entonces como no voy a tener suerte en el amor, y si me toca estar sola, bienvenido sea. Aunque me gustaría ser mamá, pero no soltera.
El Transantiago ¿te ha beneficiado?
Beneficiado no, gracias a Dios, la micro que tomo me deja cerca, no he sufrido, en comparación de otros discapacitados.
El tema es el tipo de bus, sobre todo los oruga. Uno, como discapacitado, debiera entrar por la puerta del medio, cosa que no ocurre por la evasión de pago de pasajes. Por lo que hay que subir por delante, los asientos para discapacitados se encuentran casi al final, por lo tanto, hay que cruzar todo la micro para poder llegar a esos asientos. Es tema, igual me caigo, pero no ha sido tan grave como pensé que sería en un principio.
HAY QUE VIVIR EL HOY NO EL MAÑANA
- En estos momentos estás estudiando Periodismo ¿Cómo vas a ejercer el Periodismo si este trabajo implica movimiento e independencia? ¿Cómo te proyectas?
Créeme que me he hecho la misma pregunta, creo que hay más herramientas, por ejemplo: Internet o quizás me introduzca más en las relaciones publicas, pero personalmente, aunque suene ridículo para las personas más letradas, yo no vivo el mañana, vivo el día a día. Porque esa es mí esperanza, un milagro. Yo creo
mucho en Dios, y creo que Dios puede hacer un milagro.
-¿Tanto así? ¿No estamos viviendo en los tiempos de Jesús?
Por lo mismo, no me asusta estar sin personas a mí lado. No te voy a mentir, tampoco soy la súper woman. Hay un momento, los fines de semana, colapso, es tanta la tensión, es todo tan hostil hacia nosotros, los discapacitados. Que llega un momento que siento rabia. Veo a un asaltante que corre y digo: por qué yo no, si quiero hacer solo cosas buenas, quiero salir adelante. Pero tengo que salir adelante, creo que me falta fuerza de voluntad, pero me canso. Desde que tengo uso de razón estoy con gimnasio, médico, todos los años me operan y eso cansa. Y digo; ya hasta cuándo si yo quiero vivir la vida como los demás y abocarme a eso, pero creo que tengo que buscar las oportunidades, tal vez me va a costar 50 veces más que el resto, o las puertas se me van a cerrar más que a otros, pero no voy a parar de golpear, porque creo que soy capaz.
El periodista tiene el gran beneficio de que no es solo estar en la calle, tiene más campos, la universidad tiene que abrir esas áreas como Internet, señales on line. Ahí no se haría tan difícil. Y si me caso y me mantienen, pego el titulo en la pared, mejor todavía.
De Princesa a Mujer
la Princesa junto a su Príncipe fueron felices para toda la vida…….
Cuántas veces oímos el mismo final, y nos convencimos de que así será la vida, cuántas de nosotras llegamos a la adolescencia y nos envolvemos en el traje de Princesa.
Pues, yo desde los quince que andaba con el vestido de “Blanca Nieves”, y con la barita mágica encendida a ver si encontraba a ese apuesto galán que viniese a liberarme de las malvadas garras de la bruja soledad.
Hoy tengo casi 25, el vestido se rasgó, con los años, estaba manchado por las lágrimas que derramé en medio de la tormentosa búsqueda.
Estuve cerca de dos años esperando que el “ogro” se convirtiera en Príncipe, pero no lo conseguí, aunque es lo más parecido en sentimientos al enamorado de la Sirenita; creo que le corresponde a otra descubrirlo.
También nos toca conocer a jóvenes encantadores, que nos llenan de ilusión, pero al contrario de la historia idílica somos nosotras las que debemos rescatarlos, siento que ese rol me acomoda, porque se asemeja a mi personalidad, no me queda más que decir- YO TE RESCATO-
Si bien, no pierdo la esperanza de encontrar a ese niño valiente capaz de imponerse delante de cualquier obstáculo con tal de ganar mi corazón. He asimilado que la ansiedad agobia y sólo nos lleva a tomar decisiones erróneas, y evidentemente, el resultado que obtenemos es colmarnos de frustración.
Así que me quité el disfraz, apagué la barita, me vestí de jeans, me miré en el espejo, y dije BIENVENIDA REALIDAD, guardé en una cajita todas mis ilusiones cursis, los te amo que no pude pronunciar, las canciones “cebolla” que nunca dediqué, hasta nuevo aviso.
Cuántas veces oímos el mismo final, y nos convencimos de que así será la vida, cuántas de nosotras llegamos a la adolescencia y nos envolvemos en el traje de Princesa.
Pues, yo desde los quince que andaba con el vestido de “Blanca Nieves”, y con la barita mágica encendida a ver si encontraba a ese apuesto galán que viniese a liberarme de las malvadas garras de la bruja soledad.
Hoy tengo casi 25, el vestido se rasgó, con los años, estaba manchado por las lágrimas que derramé en medio de la tormentosa búsqueda.
Estuve cerca de dos años esperando que el “ogro” se convirtiera en Príncipe, pero no lo conseguí, aunque es lo más parecido en sentimientos al enamorado de la Sirenita; creo que le corresponde a otra descubrirlo.
También nos toca conocer a jóvenes encantadores, que nos llenan de ilusión, pero al contrario de la historia idílica somos nosotras las que debemos rescatarlos, siento que ese rol me acomoda, porque se asemeja a mi personalidad, no me queda más que decir- YO TE RESCATO-
Si bien, no pierdo la esperanza de encontrar a ese niño valiente capaz de imponerse delante de cualquier obstáculo con tal de ganar mi corazón. He asimilado que la ansiedad agobia y sólo nos lleva a tomar decisiones erróneas, y evidentemente, el resultado que obtenemos es colmarnos de frustración.
Así que me quité el disfraz, apagué la barita, me vestí de jeans, me miré en el espejo, y dije BIENVENIDA REALIDAD, guardé en una cajita todas mis ilusiones cursis, los te amo que no pude pronunciar, las canciones “cebolla” que nunca dediqué, hasta nuevo aviso.
Ayudar Sin Preguntar
Una vez alguien me escribió: “Tú amor a Dios y a todos me deja sin palabras, tal vez ese es el mayor don que el Señor te ha otorgado, el amar sin contemplaciones, el ayudar sin preguntar”. Pues a mí ese “don”, que si es que alguna vez lo tuve, se me había agotado; eso hasta que escuché la siguiente historia.
Juan, su esposa, y Esther, una amiga de ambos, esperaban un taxi que los acercara hasta la estación del metro Las Rejas. Juan se acercó a uno, que estaba detenido en el semáforo, mientras cambiaba la luz roja, y le pidió al chofer que los llevara hacia dicha estación. El varón, desanimado, respondió que sí, pero que tenía que ser lo más rápido posible. En el camino aquel hombre les comentó a los pasajeros que estaba en medio de una gran tormenta económica, que iba a tribunales a entregar su auto, porque no tenía el dinero para cancelar las letras del crédito automotriz. La mujer que acompañaba a la pareja, mientras observaba la aflicción del varón, comenzó a hablarle de Dios, y le dijo” el Señor nunca los desampara, siempre nos envía un salvavidas, aunque sea a última hora” Juan, por otra parte, afirmaba los dichos de la mujer, enfatizando que “él vivía por la fe”. El conductor en silencio seguía el trayecto, y mirando el reloj dijo, desesperado, “faltan 30 minutos para ir a entregar el auto, y aún tengo que recolectar $20 mil pesos para llegar a los 490 mil, que me faltan para completar la deuda, y así evitar que me quiten mi fuente de trabajo”. Juan, esbozando una sonrisa, de esas que nacen, cuando hay gozo en el corazón, replicó al pesimismo del hombre diciendo “yo te voy a bendecir en este día, te voy a pasar los 20 mil pesos que necesitas”, el hombre incrédulo miró a Juan, y a Esther, a través del espejo retrovisor, comenzó a llorar, y dijo, entre sollozos “debo confesar que había perdido toda la fe en Dios”, Esther contestó “vio que Él nunca nos desampara”.
Este relato me devolvió la vida, porque recordé que alguna vez sentí la satisfacción que debe haber experimentado Juan. Sin lugar a dudas que vale la pena amar sin contemplaciones, y ayudar sin preguntar.
¡Dios los bendiga!
Juan, su esposa, y Esther, una amiga de ambos, esperaban un taxi que los acercara hasta la estación del metro Las Rejas. Juan se acercó a uno, que estaba detenido en el semáforo, mientras cambiaba la luz roja, y le pidió al chofer que los llevara hacia dicha estación. El varón, desanimado, respondió que sí, pero que tenía que ser lo más rápido posible. En el camino aquel hombre les comentó a los pasajeros que estaba en medio de una gran tormenta económica, que iba a tribunales a entregar su auto, porque no tenía el dinero para cancelar las letras del crédito automotriz. La mujer que acompañaba a la pareja, mientras observaba la aflicción del varón, comenzó a hablarle de Dios, y le dijo” el Señor nunca los desampara, siempre nos envía un salvavidas, aunque sea a última hora” Juan, por otra parte, afirmaba los dichos de la mujer, enfatizando que “él vivía por la fe”. El conductor en silencio seguía el trayecto, y mirando el reloj dijo, desesperado, “faltan 30 minutos para ir a entregar el auto, y aún tengo que recolectar $20 mil pesos para llegar a los 490 mil, que me faltan para completar la deuda, y así evitar que me quiten mi fuente de trabajo”. Juan, esbozando una sonrisa, de esas que nacen, cuando hay gozo en el corazón, replicó al pesimismo del hombre diciendo “yo te voy a bendecir en este día, te voy a pasar los 20 mil pesos que necesitas”, el hombre incrédulo miró a Juan, y a Esther, a través del espejo retrovisor, comenzó a llorar, y dijo, entre sollozos “debo confesar que había perdido toda la fe en Dios”, Esther contestó “vio que Él nunca nos desampara”.
Este relato me devolvió la vida, porque recordé que alguna vez sentí la satisfacción que debe haber experimentado Juan. Sin lugar a dudas que vale la pena amar sin contemplaciones, y ayudar sin preguntar.
¡Dios los bendiga!
Adiós
Era un día soleado, uno de esos en los que calor emana del asfalto.
Pocas veces en la vida me había preocupado tanto de estar especialmente guapa para la ocasión, algo nerviosa te esperaba en la esquina, no sé cuántas miradas le di a mi reloj.
Hasta que vi tu silueta asomarse por entre medio de la muchedumbre, una gran sonrisa iluminaba tu rostro, vestido de negro con esa camisa que sabías me encantaba, parecía como que el tiempo se hubiese detenido, y tus pasos se hacían cada vez más lentos; mientras yo moría por amarrarte en un abrazo, tal como dice una canción de Arjona.
Cuando por fin logré abrazarte, le pedía al cielo que perpetuara ese momento, porque tenía el presentimiento de esto no iba a durar.
Pasamos la tarde juntos, reímos bastante, ¿verdad? Nos sentamos en medio de aquel parque, recuerdo que tembloroso, tomaste mi mano y dijiste “eres todo lo que he soñado, me fascinas como mujer, como persona, pero no puedo tenerte”, mi primera reacción fue soltar tu mano abruptamente, mi mente se llenó de interrogantes, la principal, ¿por qué no fui capaz de conquistarte? Luego de unos segundos de silencio te pregunté con voz fuerte y clara, no importando el dolor que me pudiese generar tú confesión, ¿es este el fin?, tu mirada me respondió antes que tu voz, ese era un NO, estoy segura, pero tu boca dijo lo contrario, sabía que era la última vez que te vería, me acerqué a tu cuello respiré tú aroma, sentí como tus palpitaciones aumentaron mientras más cerca me tenías, acaricié tú mejilla, y sutilmente te besé en los labios, y entre sollozos susurré un adiós.
Pocas veces en la vida me había preocupado tanto de estar especialmente guapa para la ocasión, algo nerviosa te esperaba en la esquina, no sé cuántas miradas le di a mi reloj.
Hasta que vi tu silueta asomarse por entre medio de la muchedumbre, una gran sonrisa iluminaba tu rostro, vestido de negro con esa camisa que sabías me encantaba, parecía como que el tiempo se hubiese detenido, y tus pasos se hacían cada vez más lentos; mientras yo moría por amarrarte en un abrazo, tal como dice una canción de Arjona.
Cuando por fin logré abrazarte, le pedía al cielo que perpetuara ese momento, porque tenía el presentimiento de esto no iba a durar.
Pasamos la tarde juntos, reímos bastante, ¿verdad? Nos sentamos en medio de aquel parque, recuerdo que tembloroso, tomaste mi mano y dijiste “eres todo lo que he soñado, me fascinas como mujer, como persona, pero no puedo tenerte”, mi primera reacción fue soltar tu mano abruptamente, mi mente se llenó de interrogantes, la principal, ¿por qué no fui capaz de conquistarte? Luego de unos segundos de silencio te pregunté con voz fuerte y clara, no importando el dolor que me pudiese generar tú confesión, ¿es este el fin?, tu mirada me respondió antes que tu voz, ese era un NO, estoy segura, pero tu boca dijo lo contrario, sabía que era la última vez que te vería, me acerqué a tu cuello respiré tú aroma, sentí como tus palpitaciones aumentaron mientras más cerca me tenías, acaricié tú mejilla, y sutilmente te besé en los labios, y entre sollozos susurré un adiós.
Un Italiano Agridulce
Las conversaciones con la Trini siempre tienen un sabor tormentoso, porque me llevan bruscamente al mundo real, eso no las hace menos enriquecedoras. Afortunadamente pueden ser fácilmente digeridas con un “italiano” y “el nunca bien ponderado” vaso de coca cola.
Partimos hablando de lo leales que somos con nuestro corazón, aunque el personaje en cuestión por el que late, ya ni se acuerde ni de tu nombre, nosotras seguimos fieles al amor que un día despertó, y no nos vincularemos a nadie más hasta que ese sentimiento muera. Aquí es donde viene mi meditación personal: Hasta dónde dicha lealtad es sana, cuándo frenar para no convertirnos en la típica “amiga incondicional”, como versa la canción de Luis Miguel “ Tú la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada”.
He ahí una de mis tantas piedritas en el zapato: ¿qué hacer para no fomentar el ego del otro?
Según el análisis de mi compañera, el cual comparto, los machos son utilitaristas, no quiero generalizar, para no herir. Los muchachos saben cómo manipular nuestra condición de debilidad, vulnerabilidad provocada por un amor no correspondido para su propio beneficio. Es cosa de mirar el trasfondo en la letra de esta balada. El protagonista de la historia sabe hasta dónde llega el amor de la “susodicha”, y consiente de ello,”Micky” la usa cuando desea satisfacer “sus necesidades”, la niña, víctima de su debilidad, depone su dignidad y cede a los requerimientos de su amado.
Otra pregunta introspectiva: ¿Se debe más honestidad con el corazón o con nuestra dignidad?, no tengo respuesta, porque lo más seguro que quedaré de inconsecuente.
Justo en la mitad del hot- dog la charla tomó un sabor agrio. Trinidad, muy en su estilo, hizo una reflexión, con mucho respeto por lo demás, un tanto dolorosa. Me dijo: “¿Massi, has pensado que los hombres te rehúyen, porque te ven como una carga?, ya que en su naturaleza machista son paternalistas, por ende, tienden a protegernos, y sienten la responsabilidad de mantenernos lo que nos transforma, inconscientemente, en una pesada mochila?”
No es primera vez que escucho este argumento sólo que antes venía de personas ancianas, eso en cierta forma, me tranquilizaba, consideraba que era una idea extinta, pero oírlo en una mujer de “veintisiempre” es fuerte. Vine todo el trayecto a mi casa masticando la idea hasta que le encontré razón; ahora se inician mis descargos.
Sé que por doctrina debemos someternos al varón, algo que me parece agradable.
Pero les aclaro a todos aquellos, que no son pocos, que piensan que por mi condición física seré una carga que están muy equivocados. Tal vez, ni siquiera debiese darme el tiempo de manifestarlo públicamente, pero como amo escribir lo tomo como un desahogo.
He sido criada bajo el precepto de “contigo pan y cebolla”. Es cierto, lo más probable es que proyecte inutilidad, desde el punto de vista doméstico. Pregunta: ¿cuántas mujeres “sanas” de este país no cocinan, ni un huevo, y se casan igual?, ¿no es esa una limitación peor poder y no hacerlo?
Soy de las que piensa que es preferible comerse un huevo quemado, sazonado con el esfuerzo que hago para prepararlo.
En tanto, existen mujeres que fueron formadas para ser amas de casa, capaces de idear un banquete en segundos, pero que siempre queda en ellas un gustillo a frustración, por no haber tenido la valentía de cambiar su destino.
El rol que nos corresponde, a mi juicio, es ser complemento de, no carga, ayuda idónea.
Sin duda, el hombre debe responsabilizarse del hogar y jugar el papel de “proveedor” lo que no nos da licencia para volvernos parásitos.
Por lo tanto, si me sacado la porquería estudiando seis años es porque a Dios así le plació, con un propósito, sé que tendré mi titulo no para colgarlo en la pared y quedarme acostada hasta las doce del día esperando que alguien mantenga al “cachito”, si no para convertirme en una mujer integral, que tiene la CAPACIDAD, al margen sus limitaciones, de ser periodista, dueña de casa y hembra.
A pesar de que continuamente me veo enfrentada a juicios como estos, que sinceramente me mueven el piso. Sobre todo, hoy que un educado chofer del Transantiago me humilló. Tengo gratitud hacia el Creador por haberme hecho así “diferente”, no quiero sonar repetitiva, mi discapacidad no es mi bandera de lucha, hace rato que dejó ser relevante, es tema para los demás que están seguros que no cualquiera tiene el temple para sobre llevar una minusvalía, eso me hace privilegiada.
Esta es la última vez que escribo acerca de la “Massiel discapacitada” si bien, es mi valor agregado, estoy cansada de tener que defender algo tiene directa relación con las deficiencias que padece nuestra sociedad.
Habiendo terminado mi catársis…
Expongo los requisitos mínimos que un hombre que desee captar mi atención necesita:
-El que no tenga complejo de superman bienvenido sea.
- Apertura mental (como para ver más allá de lo físico), lamentablemente eso no lo venden por separado, así que si no lo trae de fabrica, ni se moleste en intentarlo
No pido más de lo que no voy entregar…
¿Cómo no va haber un sólo macho que tenga los pantalones bien puestos, y deje de mirarme desde la vereda de al frente?
tal como dijo, el egresado de derecho, “eres mi placer culpable” a lo que hoy respondería: “quédate en tu fantasía, los cobardes para mí no sirven”.
Partimos hablando de lo leales que somos con nuestro corazón, aunque el personaje en cuestión por el que late, ya ni se acuerde ni de tu nombre, nosotras seguimos fieles al amor que un día despertó, y no nos vincularemos a nadie más hasta que ese sentimiento muera. Aquí es donde viene mi meditación personal: Hasta dónde dicha lealtad es sana, cuándo frenar para no convertirnos en la típica “amiga incondicional”, como versa la canción de Luis Miguel “ Tú la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada”.
He ahí una de mis tantas piedritas en el zapato: ¿qué hacer para no fomentar el ego del otro?
Según el análisis de mi compañera, el cual comparto, los machos son utilitaristas, no quiero generalizar, para no herir. Los muchachos saben cómo manipular nuestra condición de debilidad, vulnerabilidad provocada por un amor no correspondido para su propio beneficio. Es cosa de mirar el trasfondo en la letra de esta balada. El protagonista de la historia sabe hasta dónde llega el amor de la “susodicha”, y consiente de ello,”Micky” la usa cuando desea satisfacer “sus necesidades”, la niña, víctima de su debilidad, depone su dignidad y cede a los requerimientos de su amado.
Otra pregunta introspectiva: ¿Se debe más honestidad con el corazón o con nuestra dignidad?, no tengo respuesta, porque lo más seguro que quedaré de inconsecuente.
Justo en la mitad del hot- dog la charla tomó un sabor agrio. Trinidad, muy en su estilo, hizo una reflexión, con mucho respeto por lo demás, un tanto dolorosa. Me dijo: “¿Massi, has pensado que los hombres te rehúyen, porque te ven como una carga?, ya que en su naturaleza machista son paternalistas, por ende, tienden a protegernos, y sienten la responsabilidad de mantenernos lo que nos transforma, inconscientemente, en una pesada mochila?”
No es primera vez que escucho este argumento sólo que antes venía de personas ancianas, eso en cierta forma, me tranquilizaba, consideraba que era una idea extinta, pero oírlo en una mujer de “veintisiempre” es fuerte. Vine todo el trayecto a mi casa masticando la idea hasta que le encontré razón; ahora se inician mis descargos.
Sé que por doctrina debemos someternos al varón, algo que me parece agradable.
Pero les aclaro a todos aquellos, que no son pocos, que piensan que por mi condición física seré una carga que están muy equivocados. Tal vez, ni siquiera debiese darme el tiempo de manifestarlo públicamente, pero como amo escribir lo tomo como un desahogo.
He sido criada bajo el precepto de “contigo pan y cebolla”. Es cierto, lo más probable es que proyecte inutilidad, desde el punto de vista doméstico. Pregunta: ¿cuántas mujeres “sanas” de este país no cocinan, ni un huevo, y se casan igual?, ¿no es esa una limitación peor poder y no hacerlo?
Soy de las que piensa que es preferible comerse un huevo quemado, sazonado con el esfuerzo que hago para prepararlo.
En tanto, existen mujeres que fueron formadas para ser amas de casa, capaces de idear un banquete en segundos, pero que siempre queda en ellas un gustillo a frustración, por no haber tenido la valentía de cambiar su destino.
El rol que nos corresponde, a mi juicio, es ser complemento de, no carga, ayuda idónea.
Sin duda, el hombre debe responsabilizarse del hogar y jugar el papel de “proveedor” lo que no nos da licencia para volvernos parásitos.
Por lo tanto, si me sacado la porquería estudiando seis años es porque a Dios así le plació, con un propósito, sé que tendré mi titulo no para colgarlo en la pared y quedarme acostada hasta las doce del día esperando que alguien mantenga al “cachito”, si no para convertirme en una mujer integral, que tiene la CAPACIDAD, al margen sus limitaciones, de ser periodista, dueña de casa y hembra.
A pesar de que continuamente me veo enfrentada a juicios como estos, que sinceramente me mueven el piso. Sobre todo, hoy que un educado chofer del Transantiago me humilló. Tengo gratitud hacia el Creador por haberme hecho así “diferente”, no quiero sonar repetitiva, mi discapacidad no es mi bandera de lucha, hace rato que dejó ser relevante, es tema para los demás que están seguros que no cualquiera tiene el temple para sobre llevar una minusvalía, eso me hace privilegiada.
Esta es la última vez que escribo acerca de la “Massiel discapacitada” si bien, es mi valor agregado, estoy cansada de tener que defender algo tiene directa relación con las deficiencias que padece nuestra sociedad.
Habiendo terminado mi catársis…
Expongo los requisitos mínimos que un hombre que desee captar mi atención necesita:
-El que no tenga complejo de superman bienvenido sea.
- Apertura mental (como para ver más allá de lo físico), lamentablemente eso no lo venden por separado, así que si no lo trae de fabrica, ni se moleste en intentarlo
No pido más de lo que no voy entregar…
¿Cómo no va haber un sólo macho que tenga los pantalones bien puestos, y deje de mirarme desde la vereda de al frente?
tal como dijo, el egresado de derecho, “eres mi placer culpable” a lo que hoy respondería: “quédate en tu fantasía, los cobardes para mí no sirven”.
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