Las conversaciones con la Trini siempre tienen un sabor tormentoso, porque me llevan bruscamente al mundo real, eso no las hace menos enriquecedoras. Afortunadamente pueden ser fácilmente digeridas con un “italiano” y “el nunca bien ponderado” vaso de coca cola.
Partimos hablando de lo leales que somos con nuestro corazón, aunque el personaje en cuestión por el que late, ya ni se acuerde ni de tu nombre, nosotras seguimos fieles al amor que un día despertó, y no nos vincularemos a nadie más hasta que ese sentimiento muera. Aquí es donde viene mi meditación personal: Hasta dónde dicha lealtad es sana, cuándo frenar para no convertirnos en la típica “amiga incondicional”, como versa la canción de Luis Miguel “ Tú la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada”.
He ahí una de mis tantas piedritas en el zapato: ¿qué hacer para no fomentar el ego del otro?
Según el análisis de mi compañera, el cual comparto, los machos son utilitaristas, no quiero generalizar, para no herir. Los muchachos saben cómo manipular nuestra condición de debilidad, vulnerabilidad provocada por un amor no correspondido para su propio beneficio. Es cosa de mirar el trasfondo en la letra de esta balada. El protagonista de la historia sabe hasta dónde llega el amor de la “susodicha”, y consiente de ello,”Micky” la usa cuando desea satisfacer “sus necesidades”, la niña, víctima de su debilidad, depone su dignidad y cede a los requerimientos de su amado.
Otra pregunta introspectiva: ¿Se debe más honestidad con el corazón o con nuestra dignidad?, no tengo respuesta, porque lo más seguro que quedaré de inconsecuente.
Justo en la mitad del hot- dog la charla tomó un sabor agrio. Trinidad, muy en su estilo, hizo una reflexión, con mucho respeto por lo demás, un tanto dolorosa. Me dijo: “¿Massi, has pensado que los hombres te rehúyen, porque te ven como una carga?, ya que en su naturaleza machista son paternalistas, por ende, tienden a protegernos, y sienten la responsabilidad de mantenernos lo que nos transforma, inconscientemente, en una pesada mochila?”
No es primera vez que escucho este argumento sólo que antes venía de personas ancianas, eso en cierta forma, me tranquilizaba, consideraba que era una idea extinta, pero oírlo en una mujer de “veintisiempre” es fuerte. Vine todo el trayecto a mi casa masticando la idea hasta que le encontré razón; ahora se inician mis descargos.
Sé que por doctrina debemos someternos al varón, algo que me parece agradable.
Pero les aclaro a todos aquellos, que no son pocos, que piensan que por mi condición física seré una carga que están muy equivocados. Tal vez, ni siquiera debiese darme el tiempo de manifestarlo públicamente, pero como amo escribir lo tomo como un desahogo.
He sido criada bajo el precepto de “contigo pan y cebolla”. Es cierto, lo más probable es que proyecte inutilidad, desde el punto de vista doméstico. Pregunta: ¿cuántas mujeres “sanas” de este país no cocinan, ni un huevo, y se casan igual?, ¿no es esa una limitación peor poder y no hacerlo?
Soy de las que piensa que es preferible comerse un huevo quemado, sazonado con el esfuerzo que hago para prepararlo.
En tanto, existen mujeres que fueron formadas para ser amas de casa, capaces de idear un banquete en segundos, pero que siempre queda en ellas un gustillo a frustración, por no haber tenido la valentía de cambiar su destino.
El rol que nos corresponde, a mi juicio, es ser complemento de, no carga, ayuda idónea.
Sin duda, el hombre debe responsabilizarse del hogar y jugar el papel de “proveedor” lo que no nos da licencia para volvernos parásitos.
Por lo tanto, si me sacado la porquería estudiando seis años es porque a Dios así le plació, con un propósito, sé que tendré mi titulo no para colgarlo en la pared y quedarme acostada hasta las doce del día esperando que alguien mantenga al “cachito”, si no para convertirme en una mujer integral, que tiene la CAPACIDAD, al margen sus limitaciones, de ser periodista, dueña de casa y hembra.
A pesar de que continuamente me veo enfrentada a juicios como estos, que sinceramente me mueven el piso. Sobre todo, hoy que un educado chofer del Transantiago me humilló. Tengo gratitud hacia el Creador por haberme hecho así “diferente”, no quiero sonar repetitiva, mi discapacidad no es mi bandera de lucha, hace rato que dejó ser relevante, es tema para los demás que están seguros que no cualquiera tiene el temple para sobre llevar una minusvalía, eso me hace privilegiada.
Esta es la última vez que escribo acerca de la “Massiel discapacitada” si bien, es mi valor agregado, estoy cansada de tener que defender algo tiene directa relación con las deficiencias que padece nuestra sociedad.
Habiendo terminado mi catársis…
Expongo los requisitos mínimos que un hombre que desee captar mi atención necesita:
-El que no tenga complejo de superman bienvenido sea.
- Apertura mental (como para ver más allá de lo físico), lamentablemente eso no lo venden por separado, así que si no lo trae de fabrica, ni se moleste en intentarlo
No pido más de lo que no voy entregar…
¿Cómo no va haber un sólo macho que tenga los pantalones bien puestos, y deje de mirarme desde la vereda de al frente?
tal como dijo, el egresado de derecho, “eres mi placer culpable” a lo que hoy respondería: “quédate en tu fantasía, los cobardes para mí no sirven”.
Partimos hablando de lo leales que somos con nuestro corazón, aunque el personaje en cuestión por el que late, ya ni se acuerde ni de tu nombre, nosotras seguimos fieles al amor que un día despertó, y no nos vincularemos a nadie más hasta que ese sentimiento muera. Aquí es donde viene mi meditación personal: Hasta dónde dicha lealtad es sana, cuándo frenar para no convertirnos en la típica “amiga incondicional”, como versa la canción de Luis Miguel “ Tú la misma de ayer, la incondicional, la que no espera nada”.
He ahí una de mis tantas piedritas en el zapato: ¿qué hacer para no fomentar el ego del otro?
Según el análisis de mi compañera, el cual comparto, los machos son utilitaristas, no quiero generalizar, para no herir. Los muchachos saben cómo manipular nuestra condición de debilidad, vulnerabilidad provocada por un amor no correspondido para su propio beneficio. Es cosa de mirar el trasfondo en la letra de esta balada. El protagonista de la historia sabe hasta dónde llega el amor de la “susodicha”, y consiente de ello,”Micky” la usa cuando desea satisfacer “sus necesidades”, la niña, víctima de su debilidad, depone su dignidad y cede a los requerimientos de su amado.
Otra pregunta introspectiva: ¿Se debe más honestidad con el corazón o con nuestra dignidad?, no tengo respuesta, porque lo más seguro que quedaré de inconsecuente.
Justo en la mitad del hot- dog la charla tomó un sabor agrio. Trinidad, muy en su estilo, hizo una reflexión, con mucho respeto por lo demás, un tanto dolorosa. Me dijo: “¿Massi, has pensado que los hombres te rehúyen, porque te ven como una carga?, ya que en su naturaleza machista son paternalistas, por ende, tienden a protegernos, y sienten la responsabilidad de mantenernos lo que nos transforma, inconscientemente, en una pesada mochila?”
No es primera vez que escucho este argumento sólo que antes venía de personas ancianas, eso en cierta forma, me tranquilizaba, consideraba que era una idea extinta, pero oírlo en una mujer de “veintisiempre” es fuerte. Vine todo el trayecto a mi casa masticando la idea hasta que le encontré razón; ahora se inician mis descargos.
Sé que por doctrina debemos someternos al varón, algo que me parece agradable.
Pero les aclaro a todos aquellos, que no son pocos, que piensan que por mi condición física seré una carga que están muy equivocados. Tal vez, ni siquiera debiese darme el tiempo de manifestarlo públicamente, pero como amo escribir lo tomo como un desahogo.
He sido criada bajo el precepto de “contigo pan y cebolla”. Es cierto, lo más probable es que proyecte inutilidad, desde el punto de vista doméstico. Pregunta: ¿cuántas mujeres “sanas” de este país no cocinan, ni un huevo, y se casan igual?, ¿no es esa una limitación peor poder y no hacerlo?
Soy de las que piensa que es preferible comerse un huevo quemado, sazonado con el esfuerzo que hago para prepararlo.
En tanto, existen mujeres que fueron formadas para ser amas de casa, capaces de idear un banquete en segundos, pero que siempre queda en ellas un gustillo a frustración, por no haber tenido la valentía de cambiar su destino.
El rol que nos corresponde, a mi juicio, es ser complemento de, no carga, ayuda idónea.
Sin duda, el hombre debe responsabilizarse del hogar y jugar el papel de “proveedor” lo que no nos da licencia para volvernos parásitos.
Por lo tanto, si me sacado la porquería estudiando seis años es porque a Dios así le plació, con un propósito, sé que tendré mi titulo no para colgarlo en la pared y quedarme acostada hasta las doce del día esperando que alguien mantenga al “cachito”, si no para convertirme en una mujer integral, que tiene la CAPACIDAD, al margen sus limitaciones, de ser periodista, dueña de casa y hembra.
A pesar de que continuamente me veo enfrentada a juicios como estos, que sinceramente me mueven el piso. Sobre todo, hoy que un educado chofer del Transantiago me humilló. Tengo gratitud hacia el Creador por haberme hecho así “diferente”, no quiero sonar repetitiva, mi discapacidad no es mi bandera de lucha, hace rato que dejó ser relevante, es tema para los demás que están seguros que no cualquiera tiene el temple para sobre llevar una minusvalía, eso me hace privilegiada.
Esta es la última vez que escribo acerca de la “Massiel discapacitada” si bien, es mi valor agregado, estoy cansada de tener que defender algo tiene directa relación con las deficiencias que padece nuestra sociedad.
Habiendo terminado mi catársis…
Expongo los requisitos mínimos que un hombre que desee captar mi atención necesita:
-El que no tenga complejo de superman bienvenido sea.
- Apertura mental (como para ver más allá de lo físico), lamentablemente eso no lo venden por separado, así que si no lo trae de fabrica, ni se moleste en intentarlo
No pido más de lo que no voy entregar…
¿Cómo no va haber un sólo macho que tenga los pantalones bien puestos, y deje de mirarme desde la vereda de al frente?
tal como dijo, el egresado de derecho, “eres mi placer culpable” a lo que hoy respondería: “quédate en tu fantasía, los cobardes para mí no sirven”.
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