martes, 10 de agosto de 2010

Adiós

Era un día soleado, uno de esos en los que calor emana del asfalto.
Pocas veces en la vida me había preocupado tanto de estar especialmente guapa para la ocasión, algo nerviosa te esperaba en la esquina, no sé cuántas miradas le di a mi reloj.
Hasta que vi tu silueta asomarse por entre medio de la muchedumbre, una gran sonrisa iluminaba tu rostro, vestido de negro con esa camisa que sabías me encantaba, parecía como que el tiempo se hubiese detenido, y tus pasos se hacían cada vez más lentos; mientras yo moría por amarrarte en un abrazo, tal como dice una canción de Arjona.
Cuando por fin logré abrazarte, le pedía al cielo que perpetuara ese momento, porque tenía el presentimiento de esto no iba a durar.
Pasamos la tarde juntos, reímos bastante, ¿verdad? Nos sentamos en medio de aquel parque, recuerdo que tembloroso, tomaste mi mano y dijiste “eres todo lo que he soñado, me fascinas como mujer, como persona, pero no puedo tenerte”, mi primera reacción fue soltar tu mano abruptamente, mi mente se llenó de interrogantes, la principal, ¿por qué no fui capaz de conquistarte? Luego de unos segundos de silencio te pregunté con voz fuerte y clara, no importando el dolor que me pudiese generar tú confesión, ¿es este el fin?, tu mirada me respondió antes que tu voz, ese era un NO, estoy segura, pero tu boca dijo lo contrario, sabía que era la última vez que te vería, me acerqué a tu cuello respiré tú aroma, sentí como tus palpitaciones aumentaron mientras más cerca me tenías, acaricié tú mejilla, y sutilmente te besé en los labios, y entre sollozos susurré un adiós.

No hay comentarios:

Publicar un comentario